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"LAS CAUSAS
PROFUNDAS. EL SESGO PLUTOCRATICO"
Cuando en estadística se habla de error aleatorio se está haciendo referencia a un error que puede distorsionar un resultado en alguna ocasión pero anularse en promedio. En otras palabras: un error aleatorio distorsiona a veces en un sentido y otras veces en sentido contrario, de manera que se puede ir compensando. Un sesgo, en cambio, es mucho más grave, porque distorsiona siempre en el mismo sentido, es decir que no se compensa (1). En cuanto a la expresión plutocrático, proviene del griego plutos: riqueza, y kratos: poder, autoridad soberana. Esto significa que el sesgo plutocrático es una deformación que siempre favorece el poder de los más ricos. Hace
más de veinte años un grupo de representantes del poder
económico mundial comenzó a usar a la Argentina como laboratorio
de desarrollo de una metodología que luego exportarían a
todo el mundo y que les serviría para que los índices que
miden la evolución de los precios dejara de representar equitativamente
a todos los sectores sociales y pasara en cambio a representar a las minorías
más ricas, produciendo la virtual exclusión del resto de
la sociedad como si no existieran. En
nuestro editorial
del 29 de enero de 2009 publicamos un gráfico que es la base
para entender lo que estamos diciendo, y que ya habíamos publicado
en la edición
del año 2000 del "INFORME NATALUCCI". Otra forma de comprobarlo es consultando los diarios de las distintas épocas. El lector encontrará que el gremio ATE-INDEC enfrentó al gobierno a fines de enero de 2007 acusándolo de quitarle peso al rubro turismo y a los planes de medicina con todo incluido (es decir a gastos típicos de los más ricos), y no se quejaron cuando durante los gobiernos de Raúl Alfonsín, de Carlos Menem y de Fernando De la Rúa se le bajó la ponderación a la leche, al pan, al aceite, a la garrafa de gas, y a todos y cada uno de los artículos que componen la canasta de los más pobres. Y es que parte de la tarea de los encargados del plan fue ir inculcando la falsa creencia de que esta distorsión es algo natural. “Los más ricos inciden más en la canasta porque gastan más” había dicho el entonces director del INDEC Luis Beccaria allá por 1987. La falacia empleada por Beccaria pertenece a la familia de artificios conocidos en lógica con el nombre de tautología y es como decir “Los negros deben ser esclavos porque son negros y es sabido que los negros son esclavos”. A este tipo de estratagema se la conoce también con el nombre de perogrullada, o verdades de Pero Grullo. Cuando uno oye a alguien decir algo como que los más ricos inciden más en la canasta porque gastan más, le viene a la mente la obviedad de que los ricos gastan más, entonces el cerebro piensa “ah, es verdad”, y entonces Beccaria o quien lo dice logra así el objetivo de que uno se distraiga del aspecto central de la cuestión, esto es que el hecho de gastar más no significa que haya que favorecerlos con una ponderación mayor. Un
IPC plutocrático, al tener en cuenta casi exclusivamente a los
más ricos, es particularmente insensible a la realidad de los sectores
más pobres, de manera que si un gobierno quiere implementar políticas
económicas para cuidar que no se encarezcan los artículos
más necesarios, aunque el gobierno tenga éxito ese éxito
no se nota en los indicadores, en cambio si llegan a aumentar de precio
los artículos suntuarios y exclusivos de los sectores más
ricos el índice de inflación aumenta desproporcionadamente
y exageradamente, y eso termina produciendo una avalancha inflacionaria
en la que siempre son los más pobres los que resultan más
perjudicados. A causa de ese plan es que la corporación que controlaba al INDEC de Argentina había creado un estrecho vínculo entre las direcciones de IPC (Indice de Precios al Consumidor) y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), ya que la EPH era la que seguiría en el proyecto plutocrático. Por eso el sector que lideraba Cynthia Pok fue, junto con los directivos del IPC y con los dirigentes del gremio ATE-INDEC que los apoyaban en sus propósitos, los más rebeldes a la democratización del IPC, porque caído el IPC plutocrático era imposible continuar el proyecto del indicador sintético de desocupación plutocrático. Volvamos a la falacia de Beccaria. Tal como pensaban aplicarla al tema de la desocupación quedaba así, y ya tenían listas las explicaciones. Dirían: “Es lógico que un puesto de trabajo ejecutivo incida más en el indicador global de ocupación que uno de obrero, porque el puesto de trabajo ejecutivo es de mayor remuneración”. Esta falacia es la que se había decidido que como cosa cierta y natural adujera el que fuera director del INDEC cuando estuviera listo el nuevo indicador sintético de ocupación, tal como había hecho Beccaria más de veinte años antes con el IPC. El
lector seguramente en estos años habrá escuchado a más
de un economista representante de los grandes capitales quejarse de que
en el coeficiente de desocupación se incluye lo que ellos llaman
trabajo basura, haciendo referencia a empleos de ingresos bajos. Con eso
van preparando el terreno para inducir a la creencia de que es necesario
reemplazar los coeficientes de desocupación por un indicador en
el cual los empleos mejor remunerados incidan más que los empleos
de menor remuneración. Esto puede parecer raro, o exagerado, pero el lector seguramente habrá oído más de una vez decir, no solamente a algún representante de las clases sociales más ricas, sino inclusive a más de uno de la clase media, que “los habitantes de las villas de emergencia, que no pagan la luz y tienen todo gratis no deberían poder votar” Es necesario insistir para que se entienda, en que los autores de estos proyectos utilizaron a la Argentina para su desarrollo y como banco de prueba, pero los proyectos en sí mismos estuvieron destinados desde un comienzo a todos los países del mundo. Si a algún lector todo esto aún le parece fantasioso, debería preguntarse antes si el hecho totalmente documentado de que los índices de precios al consumidor se hayan ido corriendo paciente y solapadamente a lo largo de ochenta años desde los sectores obreros a los que representaban esos indicadores en 1920, hasta lo que en estadística se llama el decil de más altos ingresos a fines del mismo siglo veinte no les hace pensar que lo que sostenemos aquí, por más asombroso que pueda parecer, es la realidad. Ricardo
Patricio Natalucci Buenos Aires, 13 de Mayo de 2009 Obs: 1) Diccionario de términos estadísticos, de Kendall y Buckland 2) Link a la página
de ATE-INDEC en la cual ese gremio pone a los mercados por encima
del derecho a la inclusión de todos los sectores sociales, utiliza
el ardid clásico de las oligarquías de tildar de demagógico
a todo lo que tenga que ver con los derechos de los más pobres,
y en nombre del mercado defiende el aberrante sesgo plutocrático
introducido con la complicidad de ellos y de las consultoras privadas
a partir de los años ochenta y profundizado durante los noventa
y en la metodología impuesta en el año 2000. |
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