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  25.Abril.2008 - “LOUSTEAU"  
 

 

Es posible que Martín Lousteau a estas horas esté siendo felicitado por algunos sectores por lo que hizo. Sabe que ahora entre esos sectores un empleo no le va a faltar. También puede ser que ya se esté arrepintiendo de haber perdido, por culpa de las malas influencias, la oportunidad de ser el ministro de Economía de una época que se vislumbra como extraordinaria (ver nuestro editorial del 1.Marzo.2008). Es que Lousteau no es un plutócrata, ni es uno de esos cansadores y falsos gurúes de la economía vernácula que aparecen todas las semanas en televisión como José Luis Espert o Miguel Angel Broda. No es tampoco un viejo zorro intrigante que por más que pasen las décadas mantiene su costumbre de disfrazarse de radical por la noche y de peronista por la mañana traicionando sonriente a unos y otros, como Roberto Lavagna. Tampoco tiene la ambición desmedida de Javier González Fraga o de Alfonso Prat Gay que con tal de llegar a un cargo como el de ministro de Economía no dudan en intentar desestabilizar y alentar expectativas hiperinflacionarias. Martín Lousteau había llegado a ocupar ese cargo por la puerta grande, nombrado por una presidenta elegida democráticamente por amplia diferencia de votos por sobre sus adversarios, continuadora de un modelo que dio grandes resultados y al mismo tiempo innovadora y propulsora de una nueva etapa y de un nuevo estilo. Lousteau había comprendido el deseo del gobierno Nacional y lo había asimilado haciéndolo suyo. Así lo demostró en la extensa entrevista que le hicieron Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre el 19 de marzo, cuando Lousteau les explicó la razonabilidad del sistema de retenciones móviles, y lo demostró también en cada uno de los temas abordados. Antes de eso, y apenas asumió como ministro, la presidenta y el jefe de Gabinete le explicaron la profunda transformación que está encarando el secretario de Comercio Guillermo Moreno y su equipo de técnicos a partir de enero de 2007 para democratizar el IPC y para terminar con el sesgo plutocrático y con los negocios ilegales que se hacían en el INDEC. Lo entendió también, y lo único que Lousteau pidió al asumir es que se espere hasta que ese nuevo IPC esté suficientemente probado, y eso fue un pedido razonable porque una nueva metodología es algo muy complejo, involucra cientos de fórmulas, decisiones y ensayos de hipótesis que hay que hacer antes de ponerlo en uso, y siempre se debaten detalles, máxime ahora, cuando hay grandes intereses que están esperando cualquier pequeño error involuntario que pudiera deslizarse, para criticar y aferrarse a eso. Jamás existió en el gobierno un proyecto de IPC Lousteau. El proyecto de IPC que tiene el gobierno, y que reemplazará a la metodología aberrante que viene del año 2000 será el de Guillermo Moreno, es decir el sistema de IPC compatible con el modelo de país que propone Cristina Fernández de Kirchner, un IPC que sirva para todos, en una sociedad que sea para todos.

Lousteau lo había entendido. Había entendido todo. Al menos eso parecía. Pero cada uno, por joven que sea, lleva su mochila. Uno de los “padrinos” de su carrera fue Javier Gonzáles Fraga, -el otrora sensato economista devenido complotador en 2007 junto a Lavagna-. Con él Lousteau escribió dos años antes un libro. También había trabajado Lousteau como docente en la Universidad de San Andrés, y en el Instituto Torcuato Di Tella. En cada lugar de esos hay alguien que está involucrado con los negocios que se hacían en el INDEC, o que es amigo de alguien que lo está, y que forma parte de la red de tráfico de influencias, o que fue educado en la mentalidad plutocrática, o que está complotando. Del paso por todos esos lugares y relaciones quedan residuos que se adhieren a un ministro joven como telas de araña que se pegan en los cabellos de un niño que sale de noche a los jardines. No sólo se es joven... se es tierno, y las sombras de los grandes intereses asustan o atraen pero siempre confunden y hacen tomar por caminos embarrados. La ahora Universidad Torcuato Di Tella acababa de difundir un informe señalando que las expectativas inflacionarias de este mes son las más altas de la serie y que la gente estima que los precios aumentarán un 32 por ciento durante los próximos 12 meses. Utilizan el sistema de profecía autocumplida que vienen intentando desde enero de 2007 los mismos que fueron autores de una metodología que engañó al pueblo con el IPC durante años. Una frase que en un contexto normal no tendría nada de malo, “la inflación debe ser moderada y previsible”, pronunciada en un encuentro organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN) le dio pasto a los que quieren a toda costa fabricar una espiral inflacionaria. Sus viejos maestros le recordaban al oído recetas de algo a lo que los economistas llaman “enfriamiento” que sirve para limitar el crecimiento de la economía. Paradójicamente, con el tema del enfriamiento le calentaban la cabeza. Pudo haber olvidado que era un ministro de la Nación y que un ministro debe respetar el proyecto gubernamental para el que trabaja y no para un proyecto propio o de terceros. Se dice que escribió lo que los economistas llaman un “paper” sugiriendo medidas contrarias a las gubernamentales que desde hace cinco años han impulsado el desarrollo y el crecimiento. Ahora el reemplazo de Martín Lousteau por Carlos Fernández, titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), es un factor de tranquilidad para quienes deseamos la democratización del IPC y del INDEC, pero no porque Lousteau fuera en sí mismo un peligro para ese proyecto, sino porque habían sectores tratando de impulsar a Roberto Lavagna para ocupar el cargo. Ese peligro pasó... por ahora, y en cuanto al joven Lousteau el tiempo dirá si tendrá en algún momento un rol en esa Argentina que propone Cristina Fernández de Kirchner, o se aliará, ya sin retorno, con aquellos que no entienden que es mejor para todos una sociedad sin exclusiones.

ricardonatalucci@indec.com.ar

 
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