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Es posible que Martín Lousteau
a estas horas esté siendo felicitado por algunos sectores
por lo que hizo. Sabe que ahora entre esos sectores un empleo
no le va a faltar. También puede ser que ya se esté
arrepintiendo de haber perdido, por culpa de las malas influencias,
la oportunidad de ser el ministro de Economía de una época
que se vislumbra como extraordinaria (ver
nuestro editorial del 1.Marzo.2008). Es que Lousteau no es
un plutócrata, ni es uno de esos cansadores y falsos gurúes
de la economía vernácula que aparecen todas las
semanas en televisión como José Luis Espert o Miguel
Angel Broda. No es tampoco un viejo zorro intrigante que por más
que pasen las décadas mantiene su costumbre de disfrazarse
de radical por la noche y de peronista por la mañana traicionando
sonriente a unos y otros, como Roberto Lavagna. Tampoco tiene
la ambición desmedida de Javier González Fraga o
de Alfonso Prat Gay que con tal de llegar a un cargo como el de
ministro de Economía no dudan en intentar desestabilizar
y alentar expectativas hiperinflacionarias. Martín Lousteau
había llegado a ocupar ese cargo por la puerta grande,
nombrado por una presidenta elegida democráticamente por
amplia diferencia de votos por sobre sus adversarios, continuadora
de un modelo que dio grandes resultados y al mismo tiempo innovadora
y propulsora de una nueva etapa y de un nuevo estilo. Lousteau
había comprendido el deseo del gobierno Nacional y lo había
asimilado haciéndolo suyo. Así lo demostró
en la extensa entrevista que le hicieron Marcelo Bonelli y Gustavo
Silvestre el 19 de marzo, cuando Lousteau les explicó la
razonabilidad del sistema de retenciones móviles, y lo
demostró también en cada uno de los temas abordados.
Antes de eso, y apenas asumió como ministro, la presidenta
y el jefe de Gabinete le explicaron la profunda transformación
que está encarando el secretario de Comercio Guillermo
Moreno y su equipo de técnicos a partir de enero de 2007
para democratizar el IPC y para terminar con el sesgo plutocrático
y con los negocios ilegales que se hacían en el INDEC.
Lo entendió también, y lo único que Lousteau
pidió al asumir es que se espere hasta que ese nuevo IPC
esté suficientemente probado, y eso fue un pedido razonable
porque una nueva metodología es algo muy complejo, involucra
cientos de fórmulas, decisiones y ensayos de hipótesis
que hay que hacer antes de ponerlo en uso, y siempre se debaten
detalles, máxime ahora, cuando hay grandes intereses que
están esperando cualquier pequeño error involuntario
que pudiera deslizarse, para criticar y aferrarse a eso. Jamás
existió en el gobierno un proyecto de IPC Lousteau. El
proyecto de IPC que tiene el gobierno, y que reemplazará
a la metodología aberrante que viene del año 2000
será el de Guillermo Moreno, es decir el sistema de IPC
compatible con el modelo de país que propone Cristina Fernández
de Kirchner, un IPC que sirva para todos, en una sociedad que
sea para todos.
Lousteau lo había entendido. Había entendido todo.
Al menos eso parecía. Pero cada uno, por joven que sea,
lleva su mochila. Uno de los “padrinos” de su carrera
fue Javier Gonzáles Fraga, -el otrora sensato economista
devenido complotador en 2007 junto a Lavagna-. Con él Lousteau
escribió dos años antes un libro. También
había trabajado Lousteau como docente en la Universidad
de San Andrés, y en el Instituto Torcuato Di Tella. En
cada lugar de esos hay alguien que está involucrado con
los negocios que se hacían en el INDEC, o que es amigo
de alguien que lo está, y que forma parte de la red de
tráfico de influencias, o que fue educado en la mentalidad
plutocrática, o que está complotando. Del paso por
todos esos lugares y relaciones quedan residuos que se adhieren
a un ministro joven como telas de araña que se pegan en
los cabellos de un niño que sale de noche a los jardines.
No sólo se es joven... se es tierno, y las sombras de los
grandes intereses asustan o atraen pero siempre confunden y hacen
tomar por caminos embarrados. La ahora Universidad Torcuato Di
Tella acababa de difundir un informe señalando que las
expectativas inflacionarias de este mes son las más altas
de la serie y que la gente estima que los precios aumentarán
un 32 por ciento durante los próximos 12 meses. Utilizan
el sistema de profecía autocumplida que vienen intentando
desde enero de 2007 los mismos que fueron autores de una metodología
que engañó al pueblo con el IPC durante años.
Una frase que en un contexto normal no tendría nada de
malo, “la inflación debe ser moderada y previsible”,
pronunciada en un encuentro organizado por el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) y la Federación Latinoamericana de
Bancos (FELABAN) le dio pasto a los que quieren a toda costa fabricar
una espiral inflacionaria. Sus viejos maestros le recordaban al
oído recetas de algo a lo que los economistas llaman “enfriamiento”
que sirve para limitar el crecimiento de la economía. Paradójicamente,
con el tema del enfriamiento le calentaban la cabeza. Pudo haber
olvidado que era un ministro de la Nación y que un ministro
debe respetar el proyecto gubernamental para el que trabaja y
no para un proyecto propio o de terceros. Se dice que escribió
lo que los economistas llaman un “paper” sugiriendo
medidas contrarias a las gubernamentales que desde hace cinco
años han impulsado el desarrollo y el crecimiento. Ahora
el reemplazo de Martín Lousteau por Carlos Fernández,
titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos
(AFIP), es un factor de tranquilidad para quienes deseamos la
democratización del IPC y del INDEC, pero no porque Lousteau
fuera en sí mismo un peligro para ese proyecto, sino porque
habían sectores tratando de impulsar a Roberto Lavagna
para ocupar el cargo. Ese peligro pasó... por ahora, y
en cuanto al joven Lousteau el tiempo dirá si tendrá
en algún momento un rol en esa Argentina que propone Cristina
Fernández de Kirchner, o se aliará, ya sin retorno,
con aquellos que no entienden que es mejor para todos una sociedad
sin exclusiones.
ricardonatalucci@indec.com.ar |